Raíces de El Laberinto y Unión de Reyes

Francisco

            Este río  –que  agachado                   está en la tierra conmigo-,
casi cien años de amigo
lo he visto estar a mi lado.
A tal punto hemos llegado
en la compenetración,
que cuando por su región
ando en busca de capullos
yo canto con sus arrullos
y él repita mi canción.

Allende el gran lomerío,
donde empieza la mañana,
cruzan la fértil sabana
los claros potros del río.
Distante, sobre el bajío
se empina la palma real,
y desde el viejo portal
cantores de puro acento
sueltan al aire un lamento
por la gran pena rural.

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Puente de UnionScan0134

Por debajo de este puente
 cruza el río San Andrés,
 que de la historia a través  
 es ya un símbolo vigente.
 Pasa la suave corriente
 con un fluir espontáneo
de un relente simultáneo
 que nutre los framboyanes,
 y más allá de Alacranes
 se hace río subterráneo.

Historia de un río triste
puede ser la de este río
de allá del terruño mío
que existe pero no existe.
No conoce el mar ni viste
 alegrías de una playa
y aunque se deslice y vaya
como un alazán cerrero
no le cabe en el potrero
su dolor a guardarraya.

2 entrada a union No creo que en Cuba haya/ una entrada más vistosa/ que esta bella y luminosa/ con vista de guardarraya./ Cuando la tarde desmaya/ “debajo de los mameyes”,/ y en una siesta los bueyes/ rumian sus azares viejos/ con sus múltiples reflejos/ encandila Unión de Reyes.

Como quien viene de allá/ de Matanzas, gran Atenas/ de Cuba, con sus melenas/ baten sus pencas acá./ Cada una de ellas no da/ la más cordial bienvenida/ y después a la salida,/ (cuando decimos adiós)/ nos dicen: ¡vaya con Dios,/ hasta pronto, buena ida!


Entrada al Laberinto 2Scan0176

¡Fueron múltiples las almas
vistas ir de norte a sur
pasar con un triste abur
dar adiós bajo estas palmas!
Entre tormentas y calmas
han padecido de todo,
y nadie sabe del modo
que el humano evoluciona
cuando el cielo se aciclona
y la tierra se hace lodo.
De épocas buenas y malas
han visto pasar querellas,
bajo el sol y las estrellas;
entre acordeones y balas.
Para todas las escalas
tuvieron nueva salida,
y frente a cada embestida
quedó flotante el penacho
con la vara del muchacho
que no le teme a la herida.
 

 

 

Aquí entre cañas maduras/ se me endulza el corazón/
con la antigua tradición/ de libar estas dulzuras. /
Dentro de las cepas puras/   muy orgulloso me sentí,/
  cuando rodeado me vi/  entre los ricos canutos/
  y recreado en los frutos/ del suelo en donde nací.
*
Tras irse para La Habana/ con su rostro muy feliz/
volvió Marcelino Ortiz/ a la campiña cubana./
Y dijo con rima ufana:/ “triste de ese que no sepa/
volver a la verde estepa/ donde creciera de niño/
porque tan grande cariño/ en el alma no le quepa”.